RELACIONES ENTRE CONTROL SOCIAL Y ESTRATEGIA REPRESIVA
      Estudio histórico y actual del proceso en Euskal Herria


      2.- LIMITES DE LA SOCIOLOGÍA OFICIAL Y DE LA PROGRESISTA:

      Superficialmente visto el problema de la regulación y del control social, las nueve definiciones expuestas, que reflejan con sus diferencias secundarias el cuerpo central de la teoría sociológica dominante, tienen en común que constatan la obvia efectividad controladora de las presiones, sanciones, normas, valores sociales y del hábito colectivo e individual --sin entrar ahora al debate sobre la versión original de P. Bordieu del habitus, de la reproducción social, de la legitimidad del poder y de los campos sociales-- de modo que el individuo o la colectividad terminan actuando dentro de los límites marcados por la sociedad. Constatación ya enunciada con otras palabras en las primeras sociedades humanas escindidas en grupos opresores y grupos oprimidos. Formalmente analizado el problema, esta teoría expone uno de los factores causantes de la continuidad del orden social, pero, aparte de esto, no llega a la raíz del problema, y en la medida en que se mueva sólo en la superficialidad y en el formalismo, en esa medida se convierte en un tópico que frena investigaciones críticas urgentes pero que, sobre todo, no permite descubrir los intereses materiales, económicos y sociales, etc., que explican las causas y objetivos del control social.

      En síntesis, los límites de esta teoría radican en, primero, el abuso de conceptos muy cargados de ideología conservadora como "desviación", "corrección" y otros; segundo, la abstracción de los colectivos afectados, pues generalmente sólo se habla de "individuo", "agrupación", "colectivo" y "sociedad", pero apenas se utilizan conceptos fundamentales como clase trabajadora, nación oprimida, opresión de género, etc.; tercero, estas abstracciones sirven para meter en el mismo saco situaciones estructurales tan diferentes como "sociedad", "grupo", "familia", etc., sin hacer ningún intento serio de precisión teórica; cuarto, apenas se relaciona ese "individuo" abstracto con la realidad concreta de explotación de la fuerza de trabajo sexo-económica, y con el papel que el Estado juega en esa explotación y por último, quinto, no existe ningún atisbo de relación siquiera externa y accesoria, por no hablar de interna y esencial, entre el control social y el sistema represivo existente. La quíntuple crítica nos remite siempre a las relaciones entre el control social y las contradicciones sociales, y, por tanto, al papel estratégico del Estado. Pero cuando aparece el problema del Estado todo cambia, sobre todo para la sociología oficial que, por un lado, carece de instrumentos intelectuales para abordar ese decisivo asunto; por otro lado, tampoco quiere estudiarlo radicalmente y, por último, si incluso quisiera hacerlo se encontraría muy pronto ante la negativa del Estado a ser estudiado críticamente, y donde manda patrón no manda marinero. Incluso un intelectual crítico tan notable como Foucault --que ha realizado aportaciones decisivas al tema del control social con sus tesis de biopoder, biopolítica, y otras más-- tiene uno de sus más penosos límites al toparse con el Estado.

      Sin embargo, el control social perdería gran parte de su efectividad cotidiana y a un plazo medio de su efectividad para las clases dominantes, sin la decisiva aunque muchas veces invisible intervención del Estado que tiene, en la práctica, el decisivo papel de centralizador estratégico del sistema represivo como totalidad, y también, por tanto, del mismo control social como parte suya. J. Bentham teorizó mejor que nadie antes ese papel centralizador y lo expresó magistralmente en su obra "El Panóptico", que consiste en un modelo de cárcel en el que pocos carceleros situados en un observatorio central, pueden ver en todo momento lo que hacen los encarcelados. Bentham explicó a los políticos, empresarios, educadores, militares, curas, es decir, a la clase burguesa, que su modelo de vigilancia valía para todas las instituciones sociales con simples cambios, y que su efectividad radicaba en la presencia del vigilante estratégicamente situado en el centro de la escena, pero insistiendo en que: "aunque estuviese ausente, la idea de su presencia es tan eficaz como la presencia misma". Lo que Bentham hacía no era sino explicar las relaciones entre el sistema represivo y el control social desde y para los intereses de la clase dominante, demostrando la decisiva intervención del Estado tanto en su materialidad visible y presente, como en su ausencia e invisibilidad formal.

      En la práctica, los Estados y sus correspondientes sistemas represivos que integran a los subsistemas de control, vigilancia, policía y legitimación, aceptaron las ventajas del panoptismo consistentes en intentar acceder a la visión y al conocimiento de todo lo que sucede, hacen y piensan los colectivos y los sujetos sometidos. Pero en la teoría institucional --en la sociología dominante en cuanto expresión ordenada de esa teoría del poder burgués-- a lo máximo que se ha llegado ha sido a las definiciones como las arriba citadas, y eso que son las "progresistas". Podríamos poner una lista casi interminable de sociólogos españoles que tras escribir voluminosos y muy frecuentemente vacíos libros no dicen nada de nada sobre el control social, aunque no tengan más remedio que referirse a lo que eufemisticamente denominan "sistemas de integración". Como una muestra muy significativa de la ausencia de esta problemática, o de su trivialización dentro de los métodos de integración, tenemos los 17 volúmenes de la Revista Española de Investigaciones Sociológicas (REIS) publicados entre enero de 1996 con el nš 73 y diciembre del 2000 con el nš 92, --no hemos podido consultar el nš 74 correspondiente a abril-junio de 1996 y los números 77-78 forman un solo volumen, el de enero-junio de 1997-- en los que aparecen las "mejores" investigaciones recopiladas en monografías.

      La fecha no es accidental, sino que recoge precisamente los años cruciales en los que, por fin, daban sus frutos los intensos y extensos programas de manipulación mediática y provocación propagandística multiplicados desde 1993 para desplazar del gobierno de Madrid al PSOE y dárselo al PP. Tales presiones fueron en la práctica inseparables de los cambios introducidos a todo correr por el PSOE en su sistema represivo --estrepitosamente fracasado-- para contrarrestar las críticas más reaccionarias. Efectivamente, desde varios años antes y de manera abierta desde 1992 en adelante, el PSOE endureció y amplió sus agresiones contra todo lo vasco, e implicó todavía más al PNV y EA en ese ataque.

      A lo largo de entre los muchos artículos publicados, no aparece en ninguno de ellos, salvo error u omisión nuestra, la directa referencia al "control social". Solamente el nš 81 de enero-marzo de 1998 está dedicado indirectamente a la teoría durkheimiana de la regulación social ya que el grueso del monográfico analiza la actualidad del texto de Durkheim aprovechando el centenario de la primera edición de su obra El Suicidio, y únicamente un artículo profundiza directamente en su teoría de la regulación. Y ya que estamos en centenarios, en el nš 89 de enero-marzo del 2000, se trata en extenso las ideas de Simmel en su obra magna Filosofía del dinero, pero sin que ningún autor pretenda explorar la interrelación de sus aportaciones con el problema decisivo del origen del dinero, es decir de la explotación de la fuerza de trabajo y de las disciplinas, coerciones, controles e intimidaciones que le son consustanciales. Incluso dos autores que estudian las teorías de Pierre Bordieu en los números 75 y 76, de julio-septiembre y octubre-diciembre de 1996, respectivamente, lo hacen desde una postura típicamente academicista, es decir, superficial y falsamente neutralista, sin querer entrar a los decisivos aspectos directamente implicados con el control social que tiene la teoría de Bordieu.

      Sin embargo, en el nš 85 de enero-marzo de 1999 podemos leer dos artículos muy significativos sobre una de las cuestiones claves del control social, de la vigilancia y del sistema represivo como es la de la policía. En el primero, por orden de aparición, Diego Torrente Robles --"Prevención del delito y futuro de la Policía"-- sostiene que:

      "Una apuesta decidida por la prevención supone un cambio drástico en el rol de la Policía. Un cambio que tiene consecuencias importantes para las sociedades democráticas. La prevención lleva a que la Policía asuma más responsabilidad y un rol nuevo y más profesional. La investigación limitada al delincuente y al delito se amplía; ahora es la comunidad en general el objeto de la indagación policial. Por otra parte, a su papel como agente en el sistema de justicia penal se le suma otro nuevo respecto al Poder Ejecutivo. La policía pasa a ser un actor con mayor influencia política en tanto que, como grupo experto, propone al Ejecutivo iniciativas de actuación coordinada contra la delincuencia de diversas instituciones. La idea de que la Policía asume ese liderazgo social supone una idea sin precedentes y que rompe los moldes sociales. Entrar de lleno en un modelo policial preventivo conlleva una paradoja. En los años sesenta los sociólogos descubrieron que la Policía opera con márgenes amplios de discrecionalidad. Ello tuvo un fuerte impacto social y provocó el auge de un modelo racional-burocrático, el modelo que ahora se quiere superar, en un intento de sujetar la Policía a la ley. Ahora, el modelo de Policía preventiva puede representar pasar de una Policía de "mínimos", reactiva y sujeta a la ley, a otra de máximos, proactiva y con márgenes amplios de autonomía y poder. Una Policía con estos nuevos roles crea un dilema a las sociedades democráticas. El problema más importante que se plantea es el de la regulación de su poder y el diseño de nuevos mecanismos de control. El nuevo marco tiene que fijar un equilibrio difícil entre garantizar el desarrollo de la imaginación y de la creatividad orientada a la prevención, y la protección de los derechos y de las libertades de los ciudadanos".

      En el segundo artículo, Gonzalo Jar Couselo, hace un repaso de las principales teorías "progresistas" sobre el presente y futuro de la Policía, y tras sumarse a la teoría del "modelo de las 4 P" --"Policía-Prensa-Público-Poder político"-- que insiste en la necesidad de que esos cuatro factores actúen siempre en muy estrecho apoyo mutuo, advertía del: "vertiginoso desarrollo que, en los últimos tiempos, ha sufrido el sector de la seguridad privada, toda vez que la seguridad --al igual que la sanidad--se está convirtiendo en las sociedades modernas en un bien de consumo, lo que, frente a las cada vez mayores demandas de los ciudadanos, hace que aparezca un sector económicamente atractivo para la iniciativa privada. Se hace necesaria, pues, una racionalización de la Policía, si no se quiere caminar hacia una progresiva privatización del servicio, de la que se acabarían beneficiando las clases más favorecidas", concluye defendiendo la "cultura de la participación" dentro de los valores constitucionales españoles y el cumplimiento de los acuerdos internacionales de 1979 sobre el comportamiento de la Policía.

      Más adelante criticaremos estas y otras teorías, ahora nos interesa dejar clara la extrema debilidad de las "investigaciones" sobre el control social y para ello daremos un paso más antes de ofrecer nuestra definición. Vamos a detenernos un instante en otra colección de textos sociológicos más interesante que la anterior porque, mientras esta refleja la sociología institucional española, la que ahora citamos refleja mayormente la sociología institucional que se elabora en el tercio vascongado de Euskal Herria, en la llamada "comunidad autónoma del país vasco". Nos referimos a la revista Inguruak --Soziologia eta Zientzia Politikoaren Euskal Aldizkaria-- de la que hemos analizado los 16 volúmenes del nš 11 de abril de 1995 al nš 26 de marzo del 2000. La fecha escogida tampoco es casual pues comienza cuando ya era manifiesto e innegable que en Hegoalde caminábamos hacia otro sistema represivo y que el PNV y EA colaboraban muy activamente en la represión entonces existente. Recordemos, por poner un ejemplo, el uso del "lazo azul" y de todo lo que significaba. En esas condiciones la revista Inguruak, editada conjuntamente por la universidad privada de Deusto y la oficial del gobiernillo vascongado, muestra fehacientemente la patética incapacidad creativa y crítica de ambas universidades en concreto, y en general del orden sociológico dominante; o dicho directamente, muestra su dependencia para con el pensamiento estatal y su práctica represiva.

      Pues bien, sólo un artículo de los muchos que se publicaron en esos16 volúmenes estudia el control social. Nos referimos al de César Manzanos Bilbao "La industria asistencial: ŋpromoción de los sujetos o control social?", que aparece en el nš 12 correspondiente julio de 1995. Vamos a entresacar las siguientes ideas:

      "Diversos sujetos (...) venimos reflexionando sobre los procesos de definición social de la normalidad y la diferencia, incidiendo desde una perspectiva especialmente crítica en el papel central que las instancias --presuntamente destinadas a controlar (integrar, neutralizas, normalizar) los fenómenos de desorden, descomposición y marginación social-- tienen en la producción de definiciones sobre en qué radican las diferencias y sobre quienes son los sectores sociales diferentes y susceptibles de ser controlados. En torno a estas definiciones se viene desarrollando una compleja industria de control, o mejor, inmensos territorios de representación de la desviación mediante lenguajes pseudocientíficos de corte sociológico, psicológico, asistencial o médico para posteriormente justificar la intervención de una amplia gama de profesionales, instituciones segregativas y programas comunitarios complementarios. Estas industrias del control social de la marginación se encuentran en proceso de expansión, diversificación y especialización configurando instancias dedicadas al reciclaje de los predefinidos como colectivos sociales marginados. Unas son de carácter estatal o paraestatal, otras privadas y en cualquier caso todas ellas interconectadas mediante un transinstitucionalismo que las convierte en una ampliar red que va desde las definiciones científicas interdependientes, pasando por la actuación llamada multiprofesional, hasta la articulación de sistemas de derivación y complementación entre ellas (...).

      "En función de ciertas situaciones de riesgo o necesidad de una prevención policial, como por ejemplo el desempleo juvenil o la pobreza cronificada, se justifica un modelo de política global fundamentado en la policialización y privatización de la vida cotidiana de todas las personas y trae consigo la aplicación de políticas de control generalizado de la población y de segregación, expulsión o eliminación física de grandes mayorías a las que se les hacer aparecer como desviados y como el origen de los problemas sociales, aumentando la red especializada y diversificada de instituciones coercitivas y segregativas encargadas de estas tareas, red en la que participan de un modo destacado los llamados servicios asistenciales.

      "De este modo se intensifica un doble proceso, de un lado, se reemplazan las políticas asistenciales por políticas de seguridad, poniéndose las primeras al servicio de las segundas, y de otro, las políticas asistenciales se convierten en complementos técnicos al servicio de las políticas centrales de seguridad para la cual basta con observar la proliferación de trabajadores sociales y demás profesionales en la policía, en los juzgados de lo criminal o en las cárceles. Es decir, convirtiéndose las políticas asistenciales en políticas simbólicas de pantalla y refuerzo de las nuevas tendencias a resolver con estrategias de control político los efectos de la precariedad social. Fruto de estas políticas de criminalización en nuestro país son las leyes de seguridad ciudadana y de extranjería, así como el conjunto de acuerdos y estructuras de control que en el contexto de la llamada Construcción Europea se están tomando tendentes a crear un espacio unificado e integrado de políticas de control".

      Tenemos pocas cosas que criticar a este texto en lo teórico-formal y abstracto sobre el control social, pero sí tenemos que criticarle precisamente eso, que es formalista y abstracto, o sea, que no dice una sola palabra sobre qué es el control social en Euskal Herria, cómo funciona, etc.; más aún, ya que pretende estudiar la industria asistencial como uno de los campos específicos de intervención del control social, al menos tenía que haberse referido siquiera de pasada a otras grandes contradicciones sociales que esa industria asistencial pretende resolver que adquiere en Euskal Herria una importancia política crucial como, por ejemplo, todo lo relacionado con la introducción y venta de drogas en cuanto armas de exterminio biológico de franjas de la juventud, de ahogo socioeconómico de sus familiares y de vigilancia represiva mediante el control policial de las redes de vendedores. Podríamos poner más casos al respecto, pero pensamos que este ilustra suficientemente la limitación sustancial del formalismo abstracto del autor citado., y eso que es el único que rompe con el patético desierto intelectual que refleja esa revista universitaria. Es cierto que en esta colección aparecen otros pocos textos que muy indirectamente pueden tener alguna relación con el control social en el sentido dialéctico, es decir, como parte del complejo que integra además de ese control a las formas de vigilancia y al Estado, pero sí sostenemos que son incluso más abstractos que el citado.


      3.- UNA DEFICIÓN DEL SISTEMA REPRESIVO COMO TOTALIDAD

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